En los últimos años, el minimalismo se ha instalado como sinónimo de buen gusto, orden, conciencia y modernidad. Los medios repiten la misma idea: vivir con menos, vestir colores neutros y habitar espacios blancos y silenciosos no es solo una opción estética, sino el camino correcto, maduro y evolucionado. Esta narrativa no se presenta como una elección entre muchas, sino como una norma cultural que define lo deseable y lo legítimo. Sin embargo, detrás de esta aparente neutralidad se esconde una resignificación profunda: la imposición de una estética dominante que uniforma, borra diferencias y despoja a múltiples culturas de su identidad.
El minimalismo nació en los años sesenta como una corriente artística que buscaba reducir las obras a su esencia material. Con el tiempo, se expandió hacia el diseño y la arquitectura como una propuesta que encontraba belleza en la simplicidad (Sienra, 2022). En su origen, el minimalismo no pretendía imponer una forma de vida ni un modelo cultural universal, sino generar una experiencia estética centrada en la percepción. Esto permite entender que el problema no radica en el minimalismo como expresión artística, sino en su resignificación contemporánea como norma cultural y social.
Hoy en día el minimalismo dejó de ser una propuesta artística para convertirse en un modelo cultural difundido por los medios y apropiado por las élites económicas. Se vende como un estilo de vida universal, deseable y superior, desligado de su contexto histórico y cultural.
En países como Colombia, esta estética tiene consecuencias profundas. Muchas culturas se expresan a través del color, la mezcla, los símbolos y la abundancia visual; sin embargo, estos elementos han sido progresivamente neutralizados en nombre de una “estética correcta”.


Cafés, edificios, restaurantes y barrios enteros han optado por tonos blancos, grises y beige, y han eliminado los colores vivos, los murales y las expresiones populares bajo la promesa de una modernidad importada. Las fachadas se vuelven uniformes, mientras las culturas que no encajan en esta imagen son ocultadas o corregidas. Así, el minimalismo actúa como una capa que cubre las diferencias y niega la riqueza cultural que existe fuera de los estándares impuestos por las élites globales.
Este proceso no es inocente. El minimalismo contemporáneo funciona como una forma de violencia simbólica que, como explica Pierre Bourdieu, ejerce poder sin necesidad de coerción directa, mediante un consenso que se percibe como legítimo (Fernández, 2025). No se impone por la fuerza, sino a través de la naturalización de una estética dominante que define qué es elegante, qué es válido y qué merece ser mostrado. Lo popular no se elimina por inútil, sino por no encajar en la imagen que el mercado desea vender. En este sentido, los medios juegan un papel central, pues reproducen tendencias globales que promueven una idea homogénea de belleza y éxito, ignoran realidades diversas e imponen una visión específica del mundo: blanca, ordenada, silenciosa y económicamente privilegiada. Como señala Bourdieu, “de todas las formas de percepción oculta, la más implacable es la que se ejerce simplemente por el orden de las cosas” (Fernández, 2025, p. 15). De este modo, el minimalismo deja de presentarse como algo natural y se convierte en un lujo, donde solo quienes tienen acceso a todo pueden transformar la austeridad en símbolo de estatus.
Esta lógica se repite en distintos ámbitos. Las tiny houses, por ejemplo, se promueven como una elección consciente y sofisticada para jóvenes de clase media alta. Sin embargo, para muchas familias, vivir en espacios reducidos no es una decisión estética, sino una consecuencia directa de la precariedad. Algo similar ocurre con objetos, prácticas y expresiones culturales como las trenzas, las mochilas indígenas o las vestimentas tradicionales, que nacieron en contextos populares y hoy son resignificados por el mercado y pierden su valor cultural original.

Un ejemplo reciente de esta lógica es el lanzamiento del color Pantone 11-4201 Cloud 2026, presentado como “un blanco sublime que sirve como símbolo de influencia calmante en una sociedad que redescubre el valor de la reflexión calmada” (Pantone, 2025, parr. 1). Este color busca fomentar relajación, concentración y armonía, y se recomienda combinarlo con tonos suaves y pasteles. Son colores que no gritan, no incomodan y no cuestionan.
La pregunta, entonces, es inevitable: ¿armonía para quién? ¿calma en qué contexto? Cuando una institución con tanto poder simbólico como Pantone define qué colores representan la armonía, no solo propone una tendencia estética, sino que establece un criterio cultural. Lo neutro se convierte en sinónimo de equilibrio, mientras que lo vibrante se asocia con exceso. El color deja de ser expresión y pasa a ser corregido.

En Colombia y en América Latina, esta lógica se traduce en una constante desvalorización de lo propio. Los colores intensos, los patrones recargados y la mezcla de sonidos y sabores son vistos como “demasiado”. Frente a ello, el minimalismo propone una estética limpia que, en realidad, busca borrar las huellas culturales que incomodan al mercado global.
Además, el minimalismo contemporáneo no solo se impone como una estética, sino también como una idea de pureza. La blancura se convierte en símbolo de limpieza, orden y estatus. Espacios blancos, ropas blancas, paredes blancas: todo lo que se aleja de este ideal es asociado al caos, la suciedad o el atraso. Esta lógica tiene una carga política y racial evidente, aunque pocas veces se nombre. Reactiva imaginarios coloniales que presentan lo colorido como primitivo e inferior, mientras que la neutralidad se impone como sinónimo de sofisticación.
Cuando el blanco se presenta como neutral, se invisibiliza que muchas culturas se construyen desde el color, el símbolo y la abundancia visual. Estas culturas no son menos sofisticadas por ser maximalistas; por el contrario, expresan historias, memorias, resistencias y formas propias de habitar el mundo que no pueden reducirse a una estética global impuesta.
La expansión del minimalismo busca, en última instancia, unificar la fachada del mundo. Ciudades distintas comienzan a parecerse entre sí y pierden identidad en favor de una imagen exportable. Este proceso de homogeneización beneficia al mercado, pero empobrece la diversidad cultural y vuelve incómoda la diferencia.
En este sentido, el minimalismo se convierte en un fenómeno político. Representa a una élite con el poder de definir qué se ve, qué se valora y qué se oculta. Al presentarse como correcto, deslegitima otras formas de vivir y existir.

La crítica no es a la simplicidad en sí, sino a su imposición como norma. Nadie debería ser obligado —explícita o simbólicamente— a borrar su cultura para encajar en una tendencia global. Las culturas colombianas, africanas y latinoamericanas no necesitan ser limpiadas ni neutralizadas para ser valiosas; su riqueza reside precisamente en su diversidad, en su color y en su exceso simbólico.
En conclusión, el minimalismo contemporáneo no es solo una estética ni un gusto personal: es una herramienta de poder que se presenta como universal y correcto, y que actúa como filtro para decidir qué culturas son visibles y cuáles deben adaptarse o desaparecer. Esta imposición reemplaza la diversidad por una imagen homogénea diseñada desde las élites globales. Las culturas maximalistas representan memorias colectivas, resistencia histórica y maneras propias de entender el mundo. Defenderlas no es rechazar la simplicidad, sino afirmar el derecho a existir desde la diferencia. Porque cuando una estética se convierte en norma, lo que está en juego no es el gusto, sino la identidad.
Fernández, J. M. (2005). La noción de violencia simbólica en la obra de Pierre Bourdieu: una aproximación crítica. Cuadernos de Trabajo Social, 18, 7–31.
Historia-Arte.com. (s.f.). Minimalismo. https://historia-arte.com/movimientos/minimalismo
Pantone. (2025). Color of the year 2026. https://www.pantone.com/eu/es/color-of-the-year/2026
Sienra, R. (2022). ¿Qué es el minimalismo? Conoce la historia y las particularidades de esta corriente estética. My Modern Met. https://mymodernmet.com/es/que-es-minimalismo-definicion/
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