El pasado 3 de enero, Donald Trump ordenó una intervención militar en Venezuela, en la que fue capturado el presidente Nicolás Maduro junto a su esposa, Cilia Flores (La Silla Vacía, 2026). Tras este hecho, sectores de diversas nacionalidades –en particular parte de la población venezolana– celebraron lo ocurrido; incluso, algunos sectores de la sociedad colombiana manifestaron aprobación frente a la posibilidad de una intervención similar en Colombia en contra del gobierno de Gustavo Petro.

No obstante, vale aclarar que este tipo de reacciones requieren un análisis crítico que tenga en cuenta los antecedentes históricos de las intervenciones militares de Estados Unidos en países como Irak y Afganistán, así como el contexto colombiano, donde Gustavo Petro –actual presidente– fue elegido de manera legítima. Bajo este contexto, vale la pena preguntarse: ¿de qué manera los discursos que han pululado en materia de conspiracionismo y negacionismo tienen algo que decirnos para entender la fuerte aclamación popular de la narrativa intervencionista de Estado Unidos bajo una retórica democrática y humanitaria? ¿Cómo demostrar razonablemente dicha conexión necesaria?

Sostengo que la intervención militar estadounidense en Venezuela no puede entenderse como un acto de defensa de la democracia, sino como la extensión externa de un proyecto político sostenido en el negacionismo, el conspiracionismo y la subordinación de la vida humana a intereses económicos. No se trata únicamente de Venezuela, sino del tipo de mundo político que se legitima cuando se acepta que un liderazgo que ha erosionado sistemáticamente la democracia en su propio país se arrogue el derecho de “salvar” a otros pueblos bajo la apelación a valores ambiguos y la violación sistemática de la soberanía nacional y el derecho internacional público.

Para comprender un poco mejor estos conceptos, haré alusión al texto titulado Sociología de la teoría de la conspiración y el negacionismo. El caso de QAnon (2021), escrito por Rubén Ferrer, el cual proporciona un acercamiento a las concepciones y aportes en torno a las teorías de conspiración y el negacionismo. Ferrer define al negacionismo como el rechazo de hechos que causan sensación de desagrado. Sin embargo, el trabajo de Ferrer se enfoca en el negacionismo científico, el cual consiste en “la convicción [de] que los científicos, junto al gobierno y grandes empresas farmacéuticas, están en guerra con la naturaleza y atentan contra el interés general de la humanidad” (d´Ancona como se citó en Ferrer, 2021 p. 9). Del mismo modo, Ferrer define las teorías de conspiración como “un conjunto de ideas y creencias que conforman un corpus teórico que alude a un plan oculto, elaborado por un grupo y cuya finalidad reside en obtener un beneficio político, económico o social” (Ferrer, 2021 p. 9). 

Primero, posterior a la intervención militar en Venezuela, el gobierno estadounidense dio a conocer sus intenciones con respecto al petróleo venezolano. En múltiples declaraciones, Donald Trump ha sostenido que Estados Unidos tomará el control del comercio y explotación del petróleo venezolano de forma indefinida. Lo anterior se lograría de la mano de ExxonMobil, ConocoPhillips y Chevron, empresas importantes en la explotación de hidrocarburos de Estados Unidos (Barría, 2026). Es importante considerar que Trump ha negado en repetidas ocasiones la realidad del cambio climático y ha desvinculado a Estados Unidos de numerosas iniciativas multilaterales en pro de la justicia climática; en su lugar, acompañado de las grandes trasnacionales petroleras, el actual presidente de los Estados Unidos aboga por la recuperación de los días de gloria de explotación del carbón, el petróleo y el gas (Sachs, 2017).

Por el contrario, Trump afirma que las medidas adoptadas para su mitigación constituyen una limitación a la libertad económica y que los científicos especializados en cambio climático están motivados por una agenda política, por lo cual se ha retirado de iniciativas que buscan desincentivar el uso de combustibles fósiles, como el Acuerdo de París, el cual compromete a los países pactantes a reducir sus emisiones de gases efecto invernadero (GEI). Esta conducta concuerda con la definición de negacionismo brindada por Ferrer y puede ser controversial, ya que Venezuela cuenta con una reserva de crudo de 303.000 millones de barriles, aproximadamente una quinta parte de la reserva mundial (Jiménez, 2026). El deseo de los Estados Unidos de aumentar la explotación excesiva puede generar problemas ambientales irreversibles en un contexto de incremento exponencial de la temperatura media del planeta Tierra.

Segundo, Ferrer se encarga de analizar el movimiento conspirativo QAnon. Este movimiento surge en medio de las tensiones sociales y políticas de los Estados Unidos, que tiene lazos de interconexión con otras teorías de la misma índole. Sin embargo, su doctrina principal sostiene que “el mundo está controlado por una camarilla de pedófilos satánicos liderados por prominentes demócratas” (Roose como se citó en Ferrer, 2021). En la política, QAnon es altamente aceptado principalmente por el Partido Republicano, y aún más por el presidente Donald Trump, quien ha realizado afirmaciones que impulsan el movimiento.

En las pasadas elecciones de 2020, que dejaron como ganador al candidato demócrata Joe Biden, Trump afirmó que las elecciones habían sido manipuladas. Varios de sus simpatizantes y otros miembros del Partido Republicano tomaron estas declaraciones como un hecho irrefutable, lo que propició el surgimiento del movimiento Stop the Steal, que junto a QAnon, buscaba revertir el resultado de las elecciones. Como consecuencia de esto, se dio a lugar al célebre episodio mediático del Asalto al Capitolio, cuyo fin era encontrar pruebas del supuesto fraude electoral.  

A pesar de que no las hallaron, el movimiento sigue en pie y reproduce cada vez más el fenómeno de posverdad, que se define como “una mentira que funciona como verdad” (Ferrer, 2021, p. 18). En consideración con antecedentes como el Asalto al Capitolio —producto de negar uno de los pilares de democracia procedimental: las elecciones— ¿acaso Trump puede mostrarse así mismo como una autoridad democrática para llevar a cabo un proceso de transición democrática, como él mismo alega para referirse al caso venezolano? Desde esta perspectiva, resulta ingenuo —cuando no cínico— creer que una intervención militar liderada por un proyecto político que deshumaniza sistemáticamente a los más vulnerables esté motivada por un genuino interés en la libertad o la dignidad del pueblo venezolano.

Tercero, el discurso público de Trump se ha destacado por el rechazo a los migrantes y otras minorías poblaciones, a quienes tilda constantemente como criminales, narcotraficantes, invasores o terroristas. Así mismo, emplea palabras deshumanizantes como “basura” (Betts, 2025) para cosificarlos públicamente. Está retórica ha permitido legitimar políticas migratorias severas y el uso excesivo de la fuerza por parte de organismos como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) (Epstein, 2026).

Las teorías del negacionismo y del conspiracionismo ofrecen una clave interpretativa útil para comprender las decisiones de Donald Trump en materia de política tanto nacional como internacional. Lejos de ser simples excentricidades marginales, estas narrativas han demostrado una enorme capacidad para estructurar decisiones políticas concretas. El negacionismo no consiste solo en negar hechos empíricos, sino en rechazar selectivamente aquellas verdades que resultan incómodas para un determinado proyecto de poder. El conspiracionismo, por su parte, construye relatos cerrados que permiten justificar acciones excepcionales —incluida la violencia— en nombre de una amenaza supuestamente oculta y omnipresente.

La retórica que ha acompañado la idea de una intervención estadounidense en Venezuela no puede entenderse fuera de la lógica política que Jason Stanley describe en How Fascism Works: The Politics of Us and Them (2018). En últimas, se trata de una serie de estrategias retóricas que buscan dividir al mundo entre un “nosotros” virtuoso y un “ellos” peligroso para favorecer así el debilitamiento y descrédito del debate racional y, a partir de esto, normalizar lo excepcional como ordinario.

Stanley identifica que la política fascista opera precisamente mediante la propagación de narrativas que atacan la verdad compartida, promueven conspiraciones y fomentan la desconfianza hacia instituciones basadas en evidencia, al sustituirlas por relatos emocionales que legitiman acciones extraordinarias como “salvadoras”. En el caso de Trump, esta lógica se manifiesta en su apoyo o tolerancia hacia QAnon y en un discurso orientado a “proteger” a la nación de enemigos internos y externos, sin una base de hechos verificables que respalde esas amenazas inventadas, incluso por encima del principio de legalidad y el derecho público internacional.

Esa misma lógica de un “nosotros versus ellos” y de deshumanización está también detrás de políticas como las de ICE, que han buscado presentar a colectivos de migrantes como peligrosos o indeseables, al etiquetarlos bajo la efigie de un “otros” perverso a quienes negar derechos y empatía para justificar medidas coercitivas como expresión legítima de defensa de una comunidad nacional bajo amenaza. Cuando esta lógica se traslada al plano internacional —como ocurre con la narrativa que celebra la intervención en Venezuela como si fuera un acto de liberación democrática— se recicla la misma estrategia política.

Se construye así un relato de amenaza moral y política que presenta al régimen venezolano como un enemigo absoluto; luego se utiliza ese relato para justificar una acción militar acompañada de promesas de protección y restauración de la libertad. Pero, como advierte Stanley, cuando estas estrategias discursivas sustituyen al debate informado y a la deliberación democrática, lo que se legitima no es la democracia, sino una forma de política que erosiona precisamente los valores democráticos que pretende defender.

Celebrar la captura de un gobernante autoritario no equivale a defender la democracia. Cuando la caída de un régimen se produce mediante una intervención sustentada en el negacionismo, el conspiracionismo y el extractivismo, lo que se inaugura no es un orden democrático, sino una nueva ficción de salvación. Una ficción peligrosa, porque normaliza la idea de que la democracia puede imponerse por la fuerza por parte de quienes han demostrado performativamente no creer en ella.


Referencias:

Barría, C. (2026). EE. UU. anuncia que controlará “indefinidamente” las ventas de petróleo de Venezuela. BBC Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/c62wx1gy4x7o     

Betts, A. (2025, 6 de diciembre). From “criminals” to “garbage”, Trump is ramping up anti-immigrant language. The Guardian. https://www.theguardian.com/us-news/2025/dec/06/trump-anti-immigrant-language   

Epstein, K. (2026). Qué es y qué poderes tiene ICE, la agencia de EE. UU. encargada de la deportación masiva de migrantes que impulsa el gobierno de Trump. BBC Mundo. https://www.bbc.com/mundo/articles/c62verr502go  

Ferrer, R. (2021). Sociología de la teoría de la conspiración y el negacionismo. El caso de QAnon. [Tesis de pregrado]. Universidad Pública de Navarra.

Jiménez, S. (2026, 6 de enero). Petróleo en Venezuela: quién controla y dónde se vende. CNN en español. https://cnnespanol.cnn.com/2026/01/06/venezuela/petroleo-quien-controla-donde-vende-orix

La Silla Vacía. (2026). Esto es lo que se sabe de la captura de Nicolás Maduro por parte de EE. UU. https://www.lasillavacia.com/en-vivo/esto-es-lo-que-se-sabe-de-la-captura-de-nicolas-maduro-por-parte-de-ee-uu/

Sachs, J. (2017). Las fantasías climáticas de Donald Trump. Nueva Sociedad. https://nuso.org/articulo/las-fantasias-climaticas-de-donald-trump/  

Stanley, J. (2018). How Fascism Works: The Politics of Us and Them. Random House.