El pasado 19, 20 y 21 de diciembre fue realizada la Asamblea Nacional de Juventudes (ANJ) en la ciudad de Barranquilla. Dicho escenario deliberativo tiene como objetivo aumentar la participación de movimientos, líderes y colectivos juveniles en numerosos espacios de debate, a través de la formulación de propuestas integrales de diversa índole. Lo anterior con el propósito de que se “fortalezca la incidencia juvenil en las decisiones públicas y en la agenda nacional, reconociendo la diversidad y generando acuerdos que impulsen transformaciones en los territorios” (Presidencia de Colombia, 2025).

En un país marcado históricamente por la exclusión política de amplios sectores sociales, la ANJ aparece como un intento por reconocer a las juventudes no sólo como beneficiarias de políticas públicas, sino como actores políticos con capacidad de decisión y agencia estructural. En otras palabras, la ANJ plantea –por lo menos en términos de su propio discurso oficial– se plantea como una alternativa participativa de empoderamiento juvenil y agenciamiento colectivo.

En virtud de lo anterior, cobran sentido las reflexiones de Arrubla y Gutiérrez:

[L]a participación política del joven es fundamental para el sistema social y humano, debido a que los jóvenes aprenden a desenvolverse en un espacio intercultural y diverso, en el que se ven sometidos a expresar su criterio para la racionalización de los problemas estructurales del país, y su nivel de entendimiento y manejo. (2013, p. 2)

La ANJ puede leerse como un avance simbólico importante, ya que reúne voces juveniles de distintos territorios, reconoce la pluralidad de experiencias y habilita un espacio nacional de interlocución con el Estado.

No obstante, más allá de la intención y del discurso institucional, resulta necesario preguntarse por el alcance real de este tipo de escenarios y por su capacidad efectiva de incidir en las decisiones públicas. En otras palabras, es importante que tanto los jóvenes partícipes como todo ciudadano se pregunte: ¿la ANJ constituye un mecanismo real de poder juvenil o corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de participación meramente consultivo sin incidencia política real, más allá de los meros formalismos rituales de interlocución estatal y civil?

En primer lugar, unos de los principales retos que tuvo esta ANJ 2025 tiene que ver con la traducción de la deliberación pública en acciones colectivas concretas. Como sostiene Martínez, esta forma de participación en los últimos años ha tenido:

[A]lgunas tensiones en la concepción misma de la democracia participativa y desde allí en su papel en la construcción de paz: 1) entre las 42 instancias y la apropiación ciudadana; 2) entre la institucionalidad y los intereses territoriales; y 3) entre las expectativas y los alcances. (2020, p. 41)

Por ende, el peligro no está anclado exclusivamente a la falta de ideas o propuestas, pues las juventudes han demostrado ampliamente su capacidad tanto analítica como resolutiva. Más bien, podría argüirse que el principal villano en esta situación es la ausencia de voluntad política de autoridades tradicionales para incorporar esas demandas en políticas públicas vinculantes.

Asimismo, es importante reconocer que las juventudes no constituyen un bloque homogéneo. Hablar de “la juventud”, en singular, invisibiliza profundas desigualdades territoriales, étnicas, de clase y de género. Por experiencia propia, pude constatar cómo, en diversas mesas de trabajo, esta diversidad genera múltiples y variables lecturas e interpretaciones de problemáticas acuciantes de nuestra propia realidad social colombiana.

Es más, inclusive resultaba todo un reto delimitar qué se entienda, en principio, como problemática estructural. A raíz de un solo tópico o asunto de discusión, una sola problemática podría ser vista y leída desde diferentes puntos de vista y enfoques analíticos, los cuales reflejaban “horizontes diversos de interpretación”, para tomar prestada una célebre expresión de Hans-Georg Gadamer. En varios casos, los tres días de encuentro fueron limitados para lograr consensos entrecruzados entre los asistentes, por lo que mucho menos podrían verse extrapoladas a otras instancias sociales.

Sumado a lo anterior, se evidencia que las preocupaciones de un joven rural, habitante del Caribe, no son las mismas que las de una joven urbana en Bogotá o de un líder juvenil indígena o afrodescendiente oriundo del Pacífico colombiano. La ANJ, si pretende ser realmente representativa, debe garantizar que estas diferencias no solo estén presentes en el discurso, sino que debe garantizar que tengan un peso real en la construcción de la agenda nacional. De lo contrario, existe el riesgo de que se reproduzcan las mismas lógicas centralistas y excluyentes que históricamente han marginado a ciertos sectores juveniles.

Por otro lado, la ANJ se debe evaluar desde su relación con las movilizaciones juveniles que han marcado el país en los últimos años. El estallido social de 2021 evidenció que las juventudes, aparte de desear participar en la toma de decisión, también están dispuestas a disputar el espacio público en el momento en que sientan que los canales institucionales no responden a sus demandas. En este contexto, la ANJ puede interpretarse como un intento del Estado por canalizar ese descontento hacia escenarios institucionales.

Por lo tanto, desde una mirada crítica, la ANJ debería evitar convertirse en un espacio que domestique la acción política juvenil. La participación no puede reducirse a sentarse en una mesa si las reglas del juego ya están definidas de antemano.

La participación política de las y los jóvenes actualmente se ha distanciado de las formas convencionales, las cuales suelen limitarse a las vías institucionales planteadas desde las lógicas del gobierno. Algunas de las características más destacadas de estas nuevas formas de participación política juvenil son: a) una profunda desconfianza en las instancias gubernamentales por lo que la participación es, generalmente, no institucional; b) el uso combinado de estrategias tradicionales junto con nuevas propuestas, […] y c) la formación de colectivos o agrupaciones ya no se genera tanto en función de adscripciones territoriales o categorías sociológicas clásicas como la ocupación, sino en torno a proyectos concretos, intereses culturales y de consumo. (Villanueva & Sugiyama, 2016, p. 2)

Con esto en cuenta, la ANJ enfrenta el desafío de no deslegitimar ni reemplazar estas formas de acción política juvenil que emergen por fuera de la institucionalidad. Por el contrario, debería pensarse como un espacio complementario, capaz de dialogar con la protesta, la organización autónoma y las expresiones culturales y territoriales que han caracterizado la acción juvenil reciente. Si la ANJ se limita a canalizar demandas sin transformar las reglas de decisión, corre el riesgo de profundizar la desconfianza que muchas juventudes ya sienten frente al Estado.

Desde mi juicio, el verdadero valor de esta ANJ-2025, y sus subsiguientes ediciones, no radica exclusivamente en su capacidad de convocar actores sociales para la deliberación; más bien, radica en su potencial para profundizar las grietas estructurales que erosionan las formas tradicionales de hacer política en Colombia, monopolizadas por las élites socioeconómicas y las burocracias partidistas arraigadas en el poder público. Esto implica reconocer a las juventudes como sujetos políticos con capacidad de veto, propuesta y seguimiento, y no solo como interlocutores temporales. De lo contrario, la ANJ podría convertirse en un escenario que legitima el discurso de inclusión sin alterar las condiciones materiales y políticas que sostienen la exclusión.


Referencias:

Arrubla, R. & Gutiérrez, P. (2013). Participación política de los jóvenes. Revista Fundación Universitaria del Área Andina (13), 78-90.

Martínez, J. (2020). Participación ciudadana en Colombia: entre la Constitución de 1991 y el Acuerdo de Paz de 2016. [Trabajo de maestría]. Universidad de Antioquia. Disponible en: https://bibliotecadigital.udea.edu.co/server/api/core/bitstreams/eec5ef5f-a786-4a2c-aac5-7be15d645e91/content

Presidencia de Colombia. (2025). Barranquilla será escenario de la Asamblea Nacional de Juventudes. Recuperado de: https://www.presidencia.gov.co/prensa/Paginas/Barranquilla-sera-escenario-de-la-Asamblea-Nacional-de-Juventudes-251218.aspx

Villanueva, T. & Sugiyama, I. (2016). La participación política de jóvenes desde los marcos de significación. Una propuesta metodológica. Polis 12 (2), 111-139.


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