Zootopia 2 puede ser leída como algo más que una secuela orientada a capitalizar la familiaridad y la nostalgia del público dentro del cine animado contemporáneo. Bajo la apariencia de una investigación policial y la representación de una ciudad diversa, ordenada y técnicamente avanzada, la película construye una reflexión crítica sobre los fundamentos históricos y políticos que sostienen ese orden urbano. La armonía que Zootopia exhibe no es presentada como una certeza natural, sino como el resultado de decisiones estructurales que organizan la vida colectiva a partir de jerarquías, exclusiones y silenciamientos.
En este sentido, el relato desplaza el conflicto del ámbito individual hacia una dimensión estructural, donde el poder se manifiesta en la forma de clasificaciones sociales, control del territorio y construcción de una cierta memoria hegemónica sobre el pasado. Desde esta perspectiva, la película dialoga de manera directa con la noción de colonialidad del poder formulada por el sociólogo peruano, Aníbal Quijano, particularmente en lo relativo a la producción de diferencias jerarquizadas, la apropiación del conocimiento y la naturalización de la desigualdad como condición necesaria para el progreso.
Así, Zootopia 2 propone una lectura en la que la modernidad urbana aparece atravesada por una historia de despojo que ha sido borrada del relato oficial. La investigación que articula la trama no se limita a esclarecer un crimen, sino que pone en cuestión los orígenes mismos de la ciudad y los mecanismos mediante los cuales ciertas contribuciones fueron invisibilizadas para consolidar un orden que se presenta como neutral, eficiente y universal. Esta operación narrativa convierte a la película en un espacio privilegiado para examinar cómo la colonialidad del poder continúa organizando la vida social, incluso en escenarios que se proclaman diversos e inclusivos.
En la teoría de Aníbal Quijano, la raza no constituye un dato biológico, sino una construcción social destinada a organizar jerárquicamente a la población y legitimar relaciones de dominación. En el universo de Zootopia, esta lógica se desplaza hacia la distinción entre especies, particularmente entre mamíferos y reptiles. La película muestra cómo la diferencia funciona como un criterio de clasificación social que asigna valor, peligrosidad o legitimidad política de unas especies sobre otras.
Como lo establece en su texto: “[la raza operaba como un proceso de] codificación de las diferencias entre conquistadores y conquistados (…), es decir, una supuesta diferente estructura biológica que ubicaba a los unos en situación natural de inferioridad respecto de los otros” (Quijano, 2014, p. 778).
La representación de los reptiles a lo largo de la película evidencia una estigmatización histórica sostenida por estereotipos y temores heredados. La asociación reiterada que las autoridades oficiales de Zootopia hacen entre los reptiles y la amenaza biológica de su comportamiento ponzoñoso no surge de hechos actuales, sino de una narrativa sedimentada que presenta a este grupo como incompatible con la vida urbana moderna. De este modo, la exclusión de los reptiles no requiere justificación permanente porque ya ha sido previamente naturalizada. La colonialidad del poder opera aquí como un régimen de sentido que convierte la desigualdad en un hecho aparentemente lógico y necesario.
La conmemoración del Zootennial, que celebra los cien años de la fundación de la ciudad, constituye uno de los momentos de mayor inflexión en la historia, ya que –en el relato oficial– se atribuye el origen de Zootopia a una figura única que es exaltada como símbolo de progreso y modernidad, el lince fundador, Ebenezer Lynxley, supuesto creador de los muros climáticos que permiten la sectorización de Zootopia en ecosistemas diversas y biorregiones que permiten la convivencia entre múltiples especies de mamíferos.

En la investigación desarrollada por Judy Hopps, Nick Wilde y Gary De’Snake, se revela que los muros climáticos fueron creados originalmente por la bisabuela de Gary, Agnes De’Snake, y que la participación de estos fue deliberadamente borrada tras un episodio de traición y acusación falsa de asesinato de la mucama tortuga envenenada por el mismísimo Ebenenezer.
La supresión de la memoria no es un detalle anecdótico, sino una condición de posibilidad del orden actual. Al eliminar la contribución reptil, la ciudad consolida una identidad moderna que se presenta como autosuficiente y moralmente superior, mientras relega a los reptiles a un pasado considerado incompatible con el progreso y la convivencia. Esta operación narrativa reproduce un mecanismo central de la colonialidad: la construcción de una historia lineal y excluyente, donde solo ciertos sujetos (en este caso, los linces) son reconocidos como fundadores legítimos.
La colonialidad del poder no solo clasifica cuerpos, sino que organiza el espacio. En Zootopia, esta dimensión se expresa con claridad en la segregación territorial. Zonas como Marsh Market y Reptile Ravine encarnan los márgenes de la ciudad moderna: espacios precarizados, amenazados por proyectos de “renovación” que implican su desaparición o desplazamiento por el proyecto de expansión urbanística de Tundratown.

La planificación urbana presentada en la película responde a una lógica en la que el centro concentra protección, inversión y tecnología, mientras la periferia absorbe los costos sociales y ambientales. El control de los muros climáticos refuerza esta jerarquía espacial, al permitir que ciertos sectores accedan a condiciones óptimas de habitabilidad, mientras otros permanecen expuestos a la degradación. La gentrificación del territorio en Zootopia 2 se convierte así en una estrategia de exclusión estructural, injusticia espacial y acumulación originaria.
La restitución de tierras y el reconocimiento de la autoría reptil no se presentan en la película como un cierre armónico, sino como un proceso que desestabiliza el equilibrio existente. Restituir implica admitir que el orden urbano se edificó sobre una injusticia estructural y que la convivencia celebrada durante décadas fue posible gracias a una exclusión sistemática basada en un despojo violento y sistemático.
La restitución que hace posible la investigación de Judy Nick cuestiona la legitimidad del relato dominante y obliga a replantear las bases sobre las que se organiza la ciudad. En términos de colonialidad del poder, se trata de un momento de ruptura, en el que la jerarquía deja de percibirse como natural y comienza a ser interrogada.
La película introduce, de manera indirecta, la necesidad de procesos de sanación, tanto subjetivas como comunitarias, que acompañen las transformaciones estructurales. La restitución material aparece como insuficiente si no va acompañada de un trabajo de reconocimiento de las heridas coloniales producidas por el desplazamiento y el silenciamiento. La invitación a la terapia funciona aquí como una metáfora de ese proceso: revisar el pasado, identificar responsabilidades y reconstruir vínculos sin negar su conflictividad constitutiva.
El cierre de Zootopia 2 evita la promesa de una reconciliación definitiva. La ciudad queda abierta a la revisión constante de sus fundamentos, y el orden social aparece como algo inacabado y disputable. Desde esta perspectiva, la película no ofrece una solución simple, sino una advertencia: mientras las historias silenciadas no sean incorporadas al relato colectivo, la convivencia seguirá siendo frágil.
Zootopia 2 propone una lectura crítica de la modernidad urbana al mostrar cómo el progreso puede sostenerse sobre la exclusión y el olvido. A través de su narrativa, el filme expone los mecanismos centrales de la colonialidad del poder: la clasificación social, la apropiación del conocimiento, la organización jerárquica del territorio y la colonización de la subjetividad. La restitución, más que un final, se presenta como un punto de inflexión que obliga a repensar la historia oficial y a reconocer que toda ciudad está atravesada por disputas de poder.
En este sentido, la película funciona como un recordatorio de que ninguna sociedad está completa mientras partes fundamentales de su historia permanezcan ocultas. Resulta interesante que una película animada, propia del cine comercial, introduzca reflexiones profundas sobre las formas en las que la acumulación originaria, la expropiación colonial y la discriminación estructural funcionan como violencias simbólicas que constituyen y configuran una cierta imagen falaz de armonía social. Tal vez sea valioso emular el ejemplo de Judy de seguir escarbando en las historias olvidadas, por incómodo que pueda ser.
Referencias:
Bush, J. (2025). Zootopia 2 [Película animada]. Walt Disney Animation Studios.
Quijano, A. (2014). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En: Cuestiones y horizontes: de la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder. (pp. 777–832). CLACSO.
1 respuesta a «¿Qué nos enseña Zootopia 2 sobre la colonialidad del poder?»
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Excelente lectura de la película. En hora buena.
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